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Jorge Dager / Artista Plástico

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Equus Novus

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Pinturas de Jorge Dager

 

Jorge Dáger titula su más reciente muestra Equus Novus. La exposición reúne un grupo de trabajos de los dos últimos años, vívidas imágenes de hoy que pudieran estar enganchadas en el tiempo a la infancia guariqueña del artista, con todo el borbotón de sensaciones que lo definen en carácter, personalidad y temperamento. El caballo ni es novedad, ni es moda en Jorge Dáger, es parte de su propia cultura y sensibilidad, pero estos caballos que pinta sí lo son.

 

En el transcurrir de la vida rural del que será artista, un percance a caballo pudo cegar su vida, quedando prevenido de no meterse con esos animales por larga temporada. Pero Dáger hizo caballos, los pintó y los colocó entre sus amigos, trabajos que no llegó a catalogar ni a exponer, entre tanto imaginaba y magnificaba el cuerno de la abundancia en sus Bodegones para celebrar a la Naturaleza Tropical obsequiosa.

 

El caballo, siempre el caballo ha estado asociado a la historia del hombre. Palabras como mariscal o conde se relacionan a los responsables de cuidar, gritar y llamar los caballos para defender la ciudad o el reino. Cabalgan en la mitología, en la historia y por nuestras mentes caballos famosos como Janto, Bucéfalo, Babieca, Rocinante y Palomo… que fueron de Aquiles, Alejandro Magno, El Cid, El Quijote o El Libertador.

 

Francisco de Miranda, el primer crítico de arte, hizo comentario muy acertado de los corceles fundidos sobre la puerta mayor de la iglesia de San Marcos en Venecia. “…se ven cuatro caballos de un bronce superfino, tamaño natural, que es la mejor de cuantas producciones del arte se ven por allí. ¡Oh qué bellísimas figuras! ¡No se harta uno de verlas! ”. (Diario de Viajes, Venecia 15 de noviembre de 1785). Tan admiradas y deseadas fueron esas esculturas, que Napoleón se los llevó a París y tuvieron que ser devueltas a la ciudad de los canales al derrumbarse el imperio.

 

“El caballo es arquetipo fundamental inscrito en la memoria de la humanidad”. El caballo guarda una lata, poderosa y profunda asociación a creencias, mitos y leyendas. El caballo es mitología, simbología, esoterismo, pero también puede ser simple y llana cotidianidad llevada a la sublimación.

 

No encontraremos lecturas de caballos arquetipales o caballos simbólicos en la muestra de Jorge Dáger. No veremos los Pegasus de Anibal Carraci ni de Melville, entre otros grandes maestros de la pintura. Quizás ciertas claves heráldicas y épicas hallaremos en obras como Cabriola o Libertad; pero no es oportuno meter espuelas a nuestra capacidad para imaginar y fantasear. El trabajo de Dáger es puro realismo, que él mismo lo ha definido en varias entrevistas: –Como me gusta la realidad, pinto la realidad–.

 

Nuestro artista titula su nueva exposición Equus Novus, referido al Equus ferus caballus, que traducido del latín quiere decir “Caballo Nuevo”, antónimo en sentido y título a la internacionalmente conocida página musical de Simón Díaz. Los caballos son las novedades artísticas de Jorge Dáger, imágenes redimensionadas que se unen al pasado del artista, junto a su presente y futuro. De este nuevo género de Dáger se han de decir muchas cosas, son obras excepcionales.

 

Nuestro artista revivió todo ese mundo de vivencias personales que lo atan de una manera más activa con la Naturaleza, al retomar el ejercicio ecuestre como deporte. En la selección de 15 obras Jorge Dáger observa y exalta a los seres junto a los objetos que le ameritan tiempo, recursos y cuidados. Sus afectos nuevos amén de los mangos, lechosas, caimitos,… tienen nombre propio Davinci, Era, Artemisa, Zobeida,…, también los implementos que usa para ir a pasear con ellos.

 

Al respecto, escribe: “El pincel y el Caballo, ambas bestias difíciles de domar y comprender, pero la paciencia, amor y pasión llegan a encauzar toda la fuerza y la furia en amistad y belleza”. Firma: Jorge Dáger.

 

Hagamos un recorrido por algunas obras significativas de la exposición:

Abre la muestra Nocturnal, en la portada del catálogo, obra tenebrista de gran formato que resume y compendia el repertorio plástico de Jorge Dáger. Esa capacidad de poder plasmar en una tela tonalidades mayores a través de sus observaciones. Con resolución y dominio, por entre el manto de la oscuridad, el artista resalta la cabeza del caballo al filo de la noche.

 

En Al horizonte, 2011, deliberadamente inconclusa, Jorge Dáger al centro de la obra pone enfático acento en el ojo de la yegua, que refleja el paisaje deformado en el globo ocular. Toda una amistosa compañera es Era a la que el artista homenajea, acaso recordando la celebrada obra El Matrimonio de Van Eick.

 

Un canto a la vida es Artemisa, la hija de Era, Dáger celebra su nacimiento. Propone el tema con un plano general a base de colores amarillos y ocres, capturando y logrando la mirada sorprendida de la potrilla entre la suavidad de su pelambre bañada por la luz.

 

Atmósfera de sigilo y de misterio encontramos en Luz de luna, 2011, el caballo asoma curioso y vigilante el hocico. A la izquierda, la madera, las bisagras y el pasador del portón de la caballeriza. Impone al espectador la noche y la mirada de un ser que casi transpira y resopla. También en Davinci, 2010, Jorge Dáger en su veracidad le falta hablar al animal. Fondea la obra en hojilla de plata y se concentra en la lasitud de las crines, la mirada vigorosa y joven del caballo, la suavidad de sus belfos y los detalles de la jáquima.

 

Zobeida, 2011, es una reminiscencia a la sangre de la yegua y a los orígenes propios del artista. La corporeidad del fino animal la definen las frondosidades de la cola y de las crines, junto a la finura de sus patas y cascos. Equilibra la composición un arco, a la derecha, y una clave o un referente a la izquierda, la ventana de celosía originaria la cultura árabe, berebere y marroquí.

 

En el 2010, Jorge Dáger anuncia discretamente su nuevo tema para la siguiente exposición. Los primeros acercamientos los hace con objetos ecuestres, expuestos en la presente selección Mi silla de pico, Ecoffey, La silla de Arturo… Los avíos e implementos de Jorge Dáger con enfoque hiperrealista tienen mucha carga y atracción. La obra El colgadero del Castaño, resume un mundo de querencias y de presencias que tienen los objetos personales para el que monta a caballo. Cuelgan del clavo frenos, hebilla, espuelas y herradura.

 

En la obra La Faena, 2011, hay explícito homenaje y llamado a formas tradicionales del campo, las significa y detalla para que queden en la memoria. Por primera y única vez, aparece el hombre en la exposición, vestido de chaqueta de cuero, unas chamarras o chaparreras, y sombrero negro de jinete moderno. Es posible ver en la obra un manejo diestro de los planos al anteponer el alambrado a la escena que está inmediatamente atrás y que el artista quiere resaltar.

 

Escribí para la exposición Tropos y Trópicos de Jorge Dáger que en sus Bodegones el artista seleccionaba, componía y recomponía objetos reales, enfatizando el detalle, desde ángulos deliberadamente forzados. En el arte de Jorge Dáger hay un afán de perpetuar instantes de la realidad natural. El paso del tiempo ha sido postergado, el relato se detiene para poder ser visto bien. No es hiperrealismo de la Metrópolis, que pormenoriza los objetos masivos de consumo… En la obra de Dáger, por el contrario, están fijadas nuestras memorias de la vida rural y semi-rural, están las imágenes junto a los sabores y los olores, las vivencias que nos atan a la Madre Tierra.

 

La pintura de Dáger tiene un tono poético afectivo emocional muy personales, tonos que tocan claves visuales y sensaciones neurolingüísticas. En Equus Novus es posible encontrar un lenguaje pictórico en constante cambio y en el que enfatiza varios registros. Jorge Dáger es artista de deslumbramientos y renovaciones, considera un estancamiento la búsqueda de lo perfecto por el perfeccionismo en sí.

 

En esta exposición de Jorge Dáger hay mucho, mucho más verismo de verdad, sin artilugios ha ido a lo esencial con un trabajo que busca más allá de la naturaleza, y encuentra por observación revelada lo eminentemente metafísico. Jorge Dáger ha reunido obras donde palpita la inteligencia del Equus Novus. Hay creencias, cultos antiguos, filosofías y religiones que confieren alma al caballo, entre los seres vivos e inteligentes del universo.

 

Para concluir citemos a Alberto Arvelo Torrealba en Coplas al Cancionero, que dice en uno de sus versos: “En mi caballo tordillo / que compré con nobles reales / recordé en los chaparrales / tu verso, Pedro Sotillo. Me hincó su amargor sencillo / la espina de tu cantar. Hoy te mando a saludar / desde el medanal inmenso / por donde anda lo que pienso, / cuando me pongo a pensar”.

 

Carlos Maldonado-Bourgoin

Asociación Internacional de Críticos de Arte

AICA, Capítulo Venezuela


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