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Jorge Dager / Artista Plástico

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Natura Morta

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Natura Morta: Hiper-realización del Objeto

 

Jorge Dager refunda el concepto de la naturaleza muerta, reenfoca el objeto pictórico en este género. Las obras muestran un conjunto de frutas dispuestas sobre el espacio desde un ángulo forzado en close-up que deriva en una visualidad directa y fundamental. La fruta es la base del sistema signico-visual que el artista utiliza para construir su concepto. La Naturaleza Muerta Holandesa, donde el objeto pictórico se construía por la puesta en escena de elementos y utensilios alimentarios sobre la mesa del banquete, cuando se trataba de expresar el fasto de una familia o sobre un espacio de la cocina para delimitar la intimidad del hogar, fue la expresión fiel de una manera de vivir y de mirar en el Siglo XVII. La mirada se enfocaba sobre lo particular inmediato y sobre la vida privada; la obra debía “retratar” el entorno del momento. Fue el deseo por captar en espejo fragmentos de la naturaleza inmediata al hombre sin enfatizar ya el gran tema apopéyico, mitológico o político. La Naturaleza Muerta se implanta como nueva modalidad de ejercer la pintura que abandona el tema general para adentrarse en el detalle focalizado de la realidad y en la sensualidad provocativa del alimento: hermosas vasijas de vino, frutas apetitosas, golosinas incitantes conforman el nuevo cuadro que acompañará a la sala de comer. Como género pictórico ha sido escasamente continuado en la historia del arte, apenas pocos artistas del siglo XX, han detenido su mirada en el cuerpo alimentario o en la sensualidad de la mesa. Jorge Dager ha desarrollado su inquietud pictórica hacia ese terreno, su trabajo enfatiza el poder visual de la carne de la fruta, la contundencia del cuerpo alimentario, la cromática cambiante entre las luces y las sombras, el entretejido minucioso de las pieles y sus texturaciones imprevistas. Para el pintor es importante, además de evocar el deleite de la fruta, el dominar calidades, las luces y sombras, los contrastes y las armonías del color, los enfoques y angularizaciones del espacio, las combinaciones y ubicaciones de las frutas. Destaca en el trabajo un virtuoso academicismo que afirma el talento pictórico y demuestra la permanencia actual de la pintura en el sentido más riguroso del término.

 

Una de las características axiales en la de Dager es el enfoque forzado en el close-up que acerca la mirada del espectador a centímetros de la fruta: es la mirada microscópica y el encuadre focal que instauran la nueva manera de La Naturaleza Muerta. Una mirada al detalle en una pincelada orfebre que describe hiper-realista cada sección de los cuerpos frutales. El ojo se sumerge en un universo de pormenores micrométricos donde se capta cada parcela de la fruta, su piel, su calidad textural, su variación cromática. Se abre la mirada a un terreno de infinitas formaciones visuales, aglomeraciones porosas, relieves pronunciados, grietas, craquelamientos, incisiones, que dan a la fruta su materialidad hiper-realista. Igualmente es un acercamiento focal que produce un gigantismo desmesurado en los volúmenes. La fruta en close-up es una masa compacta que se asienta monumental en un primer plano y se proyecta al espacio fuera del cuadro adquiriendo una contundente presencia. Las naranjas adquieren dimensiones desmesuradas; las mangas se aglomeran en una abrigada danza, lo cocales se afrontan unos contra otros, la parcha brota con violencia del espacio donde se ubica.

 

En la carnalidad táctil de la fruta en la hiper-realización visual del objeto, donde el close-up produce la re significación de la mirada. Dager re conceptúa el ver del espectador desplazando la visión a lo local, al descubrimiento de lo intimo, a la tangibilidad del detalle. Cada cuatro es una sorpresa visual que ofrece el descubrimiento de nuevas alternativas paras contemplar.

 

El close-up forzado recorta los bordes de las frutas dejando que parte de éstas queden virtualmente fuera del cuadro; se crean volúmenes virtuales que se expanden en el aire, la superficie del cuadro se continua imaginariamente en los espacios exteriores, los cuerpos frutales son completados por el ojo del espectador. Es una técnica de encuadre, una angularización peculiar que reorienta el campo visual perceptivo para una Naturaleza Muerta.

 

En cada cuadro se instaura un escenario de espacios y elementos frutales. La ubicación espacial de las frutas constituye una “mise en scene” intencional que orienta una estética; los conjuntos aparecen dispuestos en formas elaboradas: racimos de cascadas verticales, combinaciones vertico-horizontales, sobre una mesa o dentro de guacales y cestas; en cada uno la organización está racionalmente compuesta. Dager no descuida detalles ni deja al azar ningún aspecto de la construcción pictórica. El trabajo muestra una laboriosidad creativa y una interesante inventiva.

 

La patilla, la parcha, el coco, la naranja, como íconos fundamentales en la obra, son la metáfora del trópico. En su exceso sensual, su intensidad carnal, su bulbosidad apetitosa, connotan la geografía caribe y la intensidad que le caracteriza. Las frutas en sus gelatinosas pulpas, sus coloridos primarios reiteran lo solar y su cromatismo contundente; en su gigantismo frontal lo excesivo del trópico. Es una afirmación de lo originario nuestro; la apropiación de la raíz y de un principio de identidad lo que destaca.

 

El artista inscribe magistralmente en sus obras la sustancialidad de la luz; se capta en ellas, la tajante luminosidad de la luz tropical; aparecen los sutiles destellos de ésta en cada porción de la superficie; igualmente se muestra la sombra radical que surge en oposición a la luz. Hay un conocimiento cabal de los aspectos lumínicos que se producen en todo el cuerpo. Se trabajan las gradaciones de la luz a la sombra, desarrollando con talento la modificación de valores. Se puede observar cada punto de luz blanca dada con el pincel o la difusión gradual de la luz sea ésta lateral sobre una mesa o frontal. Los fondos negros en los trabajos crean efectos de contrastes, proyectándose la representación hacia un primer plano frontal. El trabajo del color, de verdes amarillosos, verdes naranja, a rojos amarillos, marrones, recuerda el detenido estudio Cezanne de las frutas y sus corporeidades cromáticas.

 

Dager, meticulosa y concienzudamente, plasma la más firme aproximación formal en sus obras.

 

Hay también una recuperación de la memoria colectiva en estas telas. El artista representa las frutas venezolanas en extinción que muchos no conocemos. El Caimito, el Merecure, la Parcha Real, la Pita Haya, la Maracuyá, el Semeruco, son protagonistas centrales que describimos con asombro en todo su esplendor. El Riñón, el Níspero, la Parchita, el Coco, remiten nuestra memoria a la infancia, a la hacienda, al cultivo rural, donde alguna vez le vivenciamos cuando niños.

 

Actualmente, para conseguir estas frutas se debe esperar la estación y se pueden comprar sólo en una frutería de Caracas, donde un proveedor único las trae. Los cuadros nos abren paso a tiempos lejanos, nos introducen en el universo de los antepasados. Pocos son aquellos que reflexionan sobre la desaparición de la historia social del país, de su cultura alimentaria, de su vida cotidiana. En la visualidad se estimula la sensualidad alimentaria de la fruta, pero también se resguarda, se preserva. El bodegón de Dager se presenta como un nuevo centro generador visual perceptivo. Milagros Bello / Curador

 

Un nuevo talento irrumpe en el escenario de la plástica nacional. Una promesa llamada a integrar la generación emergente, pensante y creativa que debe ser ejemplo para la juventud venezolana.

 

Jorge Alejandro Dager, pintor que presenta su primera exposición individual en la Galería Díaz Mancini, con una muy loable intención: el rescate de lo nuestro. Porque el nobel artista pinta bodegones y en éstos, los temas seleccionados son las frutas criollas.

 

Justifica el creador la temática plasmada en los 18 cuadros de gran formato que ahora muestra, diciendo que los jóvenes venezolanos, la mayoría, no conocen su país ni los frutos de su suelo, así como las expresiones culturales porque la transculturación es fuerte y lo importado relega a lo criollo.

 

Y él, que si se siente “sembrado” en esta tierra –es llanero y Técnico Agropecuario- ha encontrado un medio para expresarse y llegar a las masas aportando, aunque sea un mínimo, al conocimiento de lo venezolano.

 

En relación a tendencias y estilos, Jorge Alejandro Dager realiza un trabajo plástico tan fiel en formas, texturas y colore, que más que obras logradas mediante el óleo y los pinceles, parecen captadas por el lente mágico del mejor de los fotógrafos.

 

Esto nos pone ante una evidencia. Estamos viendo nacer un artista plástico hiper-realista. Un pintor que asume el detalle como leif-motif de la creación, así como lo han hecho otros maestros de la pintura universal. El hiper-realismo, casi una escuela que tuvo como máximo exponente y propulsor a Coravaggio.

 

Roselia Castro Uscategui / Curador


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